Han tenido que pasar casi 8 meses para darme cuenta que si alguien ha ganado en esta historia, esa he sido yo.
Después de un mal domingo, de una semana de lloros, llantos y lamentos, de unos meses sin rumbo y sin ver la luz, al fin, lo tengo claro.
Hoy después de comer con los amigos y mi hermana, de contar con el apoyo incondicional de mi madre, he vuelto a recoger a mi niño, como siempre me ha recibido con una caricia y un beso y ese abrazo, ese abrazo que siempre me sabe a poco, después de jugar con él, de reír con él, hemos cogido el coche para volver a nuestra casa, he mirado por el retrovisor y ahí estaba mi gordo dormido tranquilo porque está con su madre, he mirado al frente y la luna, esa luna que me ha acompañado toda mi vida, esa luna a la que cuando era pequeña le pedí encontrar a alguien que me quisiera toda la vida, esa luna que me ha devuelto con creces ese deseo, no tengo alguien que me querrá siempre, tengo tantas... tengo a mis amigos y hermanas que lloran y sufren conmigo y que con solo levantar el teléfono y oír su voz, mi alma se relaja y se me renuevan las fuerzas para seguir adelante. Tengo a mis padres, tanto luchar toda la vida y ahora... a seguir luchando y que como si me leyeran la mente saben estar al margen y presentes cuando los necesito. Y tengo a mi hijo, esa parte de mí, esa cosa tan pequeña que con solo una sonrisa hace que se sequen mis lágrimas y no quiera mirar atrás.
Ahora lo tengo claro, ahora lo tengo todo.
Da igual quien te rompa el corazón, lo que de verdad importa es a quién tienes al lado para ayudarte a recoger los cachitos y recomponerlo.
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